Regeneración ósea y periodontal: cuándo es necesaria y cómo funciona

Regeneración ósea y periodontal
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Si tu dentista te ha hablado de regeneración ósea y periodontal, es normal que te surjan dudas: ¿en qué consiste exactamente?, ¿es dolorosa?, ¿por qué la necesito? La pérdida de hueso o de encía alrededor de los dientes es más frecuente de lo que pensamos, y puede tener varias causas. Por suerte, la odontología actual cuenta con técnicas muy fiables para recuperar ese tejido perdido y devolver a tu boca la salud y la funcionalidad que necesita, ya sea para mantener tus dientes naturales o para poder colocar un implante con garantías.

En Martínez Rioboo, nuestra clínica dental situada en pleno centro de A Coruña, nos encontramos a diario con pacientes que llegan con preguntas parecidas y con cierta preocupación por lo que puede implicar este tipo de tratamiento. Por eso hemos querido explicarte, con un lenguaje sencillo y sin tecnicismos innecesarios, cuándo es realmente necesaria la regeneración ósea o periodontal, qué técnicas existen hoy en día y qué puedes esperar del proceso, desde el diagnóstico hasta la recuperación final.

¿Qué es la regeneración ósea y en qué se diferencia de la periodontal?

Aunque en la consulta solemos hablar de regeneración ósea y periodontal como si fuera un único concepto, en realidad se trata de dos procesos relacionados pero distintos, y entender la diferencia te ayudará a comprender mejor tu propio tratamiento.

La regeneración ósea es el conjunto de técnicas que utilizamos para recuperar el volumen de hueso maxilar o mandibular cuando este no tiene la anchura, la altura o la densidad suficientes. Esto suele ocurrir, sobre todo, cuando se necesita colocar un implante dental. Para que un implante se integre correctamente y dure muchos años, el hueso que lo rodea tiene que cumplir unos mínimos, y si no los cumple, hay que regenerarlo antes de seguir adelante.

La regeneración periodontal, en cambio, pone el foco no solo en el hueso, sino en todo el conjunto de tejidos que sostienen el diente: la encía, el ligamento periodontal y el propio hueso alveolar. Este tipo de regeneración se plantea principalmente cuando una periodontitis avanzada ha dañado esos tejidos de soporte, con el objetivo de frenar el daño y, en la medida de lo posible, recuperar parte de lo perdido.

Principales causas de la pérdida de hueso dental y periodontal

La pérdida de hueso o de tejido periodontal no aparece de un día para otro, suele ser el resultado de un proceso progresivo, y detrás de ella pueden estar varias causas, a menudo combinadas entre sí.

  • Enfermedad periodontal avanzada. Es la causa más frecuente. Cuando las bacterias y el sarro se acumulan durante mucho tiempo bajo la encía, provocan una inflamación crónica (periodontitis) que va destruyendo poco a poco el hueso y los tejidos que sostienen el diente. Si no se trata a tiempo, puede acabar comprometiendo la estabilidad de piezas dentales que en principio estaban sanas.
  • Pérdida dental antigua sin sustitución. Cuando falta un diente y no se repone con un implante o una prótesis, el hueso que antes lo rodeaba deja de recibir estímulo masticatorio y, con el paso del tiempo, tiende a reabsorberse. Es habitual que esto se note años después, cuando el paciente por fin decide colocarse un implante y descubre que ya no queda hueso suficiente.
  • Traumatismos y fracturas. Un golpe, un accidente o una lesión en la zona maxilofacial puede dañar el hueso de forma puntual pero significativa, dejando defectos que después es necesario reconstruir.
  • Quistes o tumores. Cuando es necesario extirpar este tipo de lesiones, suelen dejar tras de sí una cavidad o defecto óseo que también requiere regeneración.
  • Otros factores de riesgo. Hay condiciones que no provocan por sí solas la pérdida de hueso, pero que la favorecen o la agravan de forma notable: el tabaquismo, la osteoporosis, la diabetes mal controlada y una higiene bucal deficiente. También influye la predisposición genética de cada persona, que hace que algunos pacientes sean más susceptibles que otros a desarrollar enfermedad periodontal.
Cómo se diagnostica la regeneración ósea

¿Cómo saber si necesitas regeneración ósea o periodontal? Señales de alarma

Esta dolencia suele avanzar de forma silenciosa, sobre todo en sus primeras fases. Por eso es importante prestar atención a una serie de señales que, aunque no siempre son evidentes, pueden indicar que algo no va bien:

  • Bolsas periodontales profundas. Son espacios que se forman entre el diente y la encía cuando esta se separa del diente por la acumulación de bacterias y sarro. No son visibles a simple vista, pero tu dentista puede detectarlas y medirlas en una revisión.
  • Recesión de las encías. Cuando notas que «el diente se ve más largo» o que la encía ha retrocedido dejando parte de la raíz a la vista.
  • Movilidad dental. Sentir que un diente se mueve ligeramente, algo que nunca es normal y que suele indicar que ha habido pérdida de hueso de soporte.
  • Dolor o sensibilidad al masticar. Molestias al morder o al masticar alimentos duros o fríos, que antes no aparecían.
  • Mal aliento persistente. Cuando no desaparece a pesar de una buena higiene, puede estar relacionado con una infección periodontal activa.
  • Sangrado de encías al cepillarte o al usar hilo dental, uno de los primeros signos de alerta y también uno de los más ignorados.

Es importante subrayar que estos síntomas no permiten hacer un autodiagnóstico fiable. Muchas veces la pérdida de hueso avanza sin dar ninguna señal evidente hasta que ya es considerable. Por eso, ante cualquiera de estas señales (o simplemente si hace tiempo que no te haces una revisión) lo más recomendable es acudir a un especialista para que pueda valorar tu caso con las pruebas adecuadas.

¿Cómo se diagnostica la regeneración ósea y periodontal?

Antes de plantear cualquier tratamiento, es imprescindible hacer un diagnóstico preciso. No todos los casos de pérdida de hueso o encía son iguales, y la técnica más adecuada dependerá de factores como la cantidad de tejido perdido, su localización o el estado general de salud bucal del paciente.

Exploración clínica

El primer paso siempre es una revisión en consulta. El especialista examina el estado de las encías, comprueba si hay movilidad dental y mide la profundidad de las posibles bolsas periodontales con una sonda específica, un procedimiento sencillo e indoloro.

Pruebas de imagen

Para valorar el hueso con precisión no basta con la exploración visual. Se recurre a radiografías o, más habitualmente, a un TAC dental, que permite conocer con exactitud la anchura, la altura y la densidad del hueso disponible en la zona a tratar. Esta información es fundamental, sobre todo, si el objetivo final es colocar un implante dental.

Valoración conjunta con el paciente

Con todos estos datos, el especialista determina si es necesaria la regeneración, qué técnica se ajusta mejor a cada caso y qué resultados se pueden esperar de forma realista. Es también el momento de resolver dudas y de que el paciente entienda en qué va a consistir el tratamiento antes de dar el siguiente paso.

¿Cómo se realiza la regeneración ósea?

La técnica más utilizada hoy en día se conoce como regeneración ósea guiada (ROG). Su nombre puede sonar complejo, pero la idea de fondo es sencilla. Se trata de crear una especie de «andamio» en la zona donde falta hueso, para que las células capaces de formar hueso nuevo tengan un soporte sobre el que crecer, en lugar de que ese espacio lo ocupen otro tipo de células que no nos interesan (como las de la encía).

Este andamio se construye combinando dos elementos:

  • El injerto óseo. Es el material que rellena la zona donde falta hueso y que sirve de base para el crecimiento óseo. Puede tener distintos orígenes:
  • Autólogo: hueso del propio paciente, extraído de otra zona de su boca. Tiene la ventaja de que el cuerpo lo reconoce como propio, aunque implica una segunda zona de intervención.
  • Alógeno: procedente de un donante humano, procesado y esterilizado para su uso seguro.
  • Xenógeno: de origen animal, habitualmente bovino, tratado para eliminar cualquier riesgo y hacerlo compatible con el paciente.
  • Sintético: fabricado con materiales biocompatibles diseñados específicamente para favorecer la formación de hueso.

La elección de uno u otro depende del tamaño del defecto, de las preferencias del paciente y del criterio del especialista.

La membrana, es una lámina fina que se coloca cubriendo el injerto y que actúa como barrera protectora. Evita que las células de la encía «invadan» la zona antes de que el hueso haya tenido tiempo de formarse, y además protege el injerto mientras cicatriza. Las membranas pueden ser:

  • Reabsorbibles, normalmente de colágeno, que el propio cuerpo va eliminando con el tiempo y no requieren una segunda intervención para retirarlas.
  • No reabsorbibles, más rígidas y utilizadas en defectos más grandes o complejos, que sí necesitan una pequeña cirugía posterior para su retirada.

En algunos casos, además, se utilizan concentrados de la propia sangre del paciente (conocidos como PRGF o PRF) para acelerar la cicatrización. Se obtienen extrayendo una pequeña cantidad de sangre y centrifugándola, de forma que se concentran las plaquetas y otras proteínas que favorecen la regeneración de los tejidos. Es una técnica que aporta un extra de «aceleración natural» al proceso, aprovechando los propios recursos del organismo.

Todo este procedimiento se realiza bajo anestesia local (en algunos casos con sedación, si el paciente lo prefiere o el caso lo requiere), y una vez colocado el injerto y la membrana, comienza la fase de cicatrización, que suele durar varios meses hasta que el hueso nuevo está listo para soportar, por ejemplo, un implante dental.

¿Cómo se realiza la regeneración periodontal?

Aunque comparte principios y materiales con la regeneración ósea que acabamos de ver, la regeneración periodontal tiene un matiz importante: no busca únicamente recuperar volumen de hueso, sino restaurar todo el conjunto de tejidos que sostienen el diente y que la periodontitis ha ido destruyendo, es decir, la encía, el ligamento periodontal y el hueso alveolar que los rodea.

Al igual que en la regeneración ósea, aquí también se recurre a injertos y membranas para crear el espacio y las condiciones necesarias para que los tejidos se regeneren de forma ordenada. La diferencia está en que el objetivo es que cada tipo de tejido «sepa» ocupar su lugar correcto. Que el hueso vuelva a formarse donde debe, que el ligamento periodontal se reconstruya conectando el diente con el hueso, y que la encía cicatrice sin interponerse en ese proceso.

Para conseguirlo, además de las técnicas ya mencionadas, en periodoncia es habitual utilizar proteínas bioestimulantes, sustancias que, aplicadas sobre la zona afectada, «avisan» a las células de que deben empezar a regenerar el tejido de soporte del diente de forma ordenada. Es una tecnología que imita procesos que ocurren de manera natural durante el desarrollo del diente, y que ha demostrado buenos resultados en la recuperación de defectos periodontales, especialmente en aquellos casos donde el hueso conserva parte de su estructura original.

La elección entre una técnica u otra depende, de nuevo, de la morfología del defecto. No es lo mismo un defecto «cerrado», donde las paredes óseas se conservan bastante bien y facilitan la regeneración, que un defecto más abierto o extenso, donde suele ser necesario combinar varias técnicas para lograr un buen resultado.

En cualquier caso, el objetivo final es siempre el mismo, frenar el avance de la enfermedad periodontal, recuperar en la medida de lo posible el soporte perdido y evitar que el diente acabe perdiéndose por falta de sujeción.

Técnicas de regeneración periodontal

En conclusión

La regeneración ósea y periodontal es, hoy en día, un tratamiento seguro y muy predecible que permite recuperar hueso y tejidos que en el pasado se daban por perdidos, ya sea para conservar tus dientes naturales o para poder colocar un implante con todas las garantías. Cada caso es distinto, y solo un diagnóstico adecuado permite saber qué técnica se ajusta mejor a tu situación.

Si has notado alguna de las señales que hemos comentado a lo largo del artículo, o simplemente hace tiempo que no te haces una revisión, en Clínica Martínez Rioboo estaremos encantados de valorar tu caso y explicarte, sin prisas y sin tecnicismos, cuáles son tus opciones.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre regeneración ósea y regeneración periodontal?

La regeneración ósea busca recuperar el volumen de hueso maxilar o mandibular, sobre todo antes de colocar un implante. La regeneración periodontal va un paso más allá: recupera también la encía y el ligamento periodontal dañados por la periodontitis. Ambas comparten técnicas y a menudo se combinan en un mismo tratamiento.

¿Cuáles son las causas más frecuentes de la pérdida de hueso o encía?

La causa principal es la periodontitis avanzada, seguida de la pérdida dental antigua sin sustituir (que provoca reabsorción ósea por falta de estímulo), traumatismos, extirpación de quistes o tumores, y factores de riesgo como el tabaco, la osteoporosis o la diabetes.

¿Cómo sé si necesito una regeneración ósea o periodontal?

Algunas señales de alarma son las bolsas periodontales profundas, la recesión de encías, la movilidad dental, el dolor al masticar, el mal aliento persistente o el sangrado de encías. Estos síntomas no permiten un autodiagnóstico fiable, por lo que siempre hay que confirmarlo con un especialista.

¿En qué consiste el tratamiento de regeneración ósea guiada?

Consiste en colocar un injerto óseo (propio, de donante, animal o sintético) cubierto por una membrana protectora, que actúa como un «andamio» para que el hueso nuevo crezca de forma ordenada. En algunos casos se combina con concentrados de la propia sangre del paciente para acelerar la cicatrización.

¿Cuánto tiempo tarda en completarse la regeneración?

El proceso no es inmediato: tras la intervención, suele ser necesario esperar varios meses hasta que el hueso o los tejidos periodontales se regeneren por completo y estén listos para, por ejemplo, soportar un implante dental.

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