Limpieza dental o curetaje: ¿Cuál te toca y cada cuánto?

Las encías rara vez avisan con dolor. Lo hacen con señales discretas, como un poco de sangre al cepillarse o una ligera inflamación, que muchas personas atribuyen a haber apretado demasiado el cepillo. Sin embargo, que las encías sangren no es normal, y detrás de ese síntoma puede haber desde una gingivitis leve hasta una periodontitis que ya ha empezado a dañar los tejidos que sujetan los dientes. Por eso, cuando llega el momento de pasar por la consulta, la pregunta suele ser la misma: ¿limpieza dental o curetaje? Aunque a menudo se confunden, no son lo mismo ni sirven para lo mismo.
Saber cuál necesitas, y con qué frecuencia, no depende de una regla fija como el clásico “cada seis meses”, sino del estado de tus encías y de tus factores de riesgo. Hábitos como el tabaco, enfermedades como la diabetes o haber tenido problemas periodontales en el pasado cambian por completo el calendario de visitas. En Martínez Rioboo, nuestra clínica dental ubicada en el centro de La Coruña, cada paciente recibe una pauta adaptada a su boca, porque la prevención eficaz empieza por un buen diagnóstico.
Limpieza dental y curetaje: qué es cada uno
Aunque los dos sirven para eliminar placa y sarro, la limpieza dental y el curetaje se diferencian en algo fundamental, la zona de la boca sobre la que actúan. Esa diferencia determina para quién está indicado cada uno y qué objetivo persigue.
La limpieza dental o profilaxis
La limpieza dental profesional, que en consulta también se conoce como profilaxis o tartrectomía, es un tratamiento preventivo. Su función es retirar la placa bacteriana, el sarro y las manchas que se acumulan sobre la superficie de los dientes y en el borde de la encía, en zonas a las que el cepillo y el hilo dental no llegan del todo. No requiere cirugía ni medicación, y tampoco incluye el raspado de las raíces.
Para hacerla se emplean aparatos de ultrasonido, que desprenden el sarro mediante vibraciones, e instrumentos manuales para repasar los restos. Está pensada para bocas sanas o con una gingivitis leve, es decir, cuando la inflamación se limita a la encía y todavía no se han dañado los tejidos que sujetan el diente.
El curetaje o raspado y alisado radicular
El curetaje es el nombre del raspado y alisado radicular, el término que utilizan las guías clínicas y la literatura científica. A diferencia de la limpieza, es un tratamiento terapéutico. Se indica cuando ya existe periodontitis, es decir, cuando la infección ha avanzado por debajo de la encía y ha formado bolsas periodontales, espacios entre el diente y la encía donde se acumulan bacterias.
El procedimiento combina dos acciones:
- El raspado elimina el sarro, la placa y la película bacteriana adheridos a la raíz, por debajo de la línea de la encía.
- El alisado deja la superficie de la raíz lisa, lo que ayuda a reducir la inflamación y dificulta que las bacterias vuelvan a adherirse.
Como trabaja en una zona más profunda y sensible, suele realizarse con anestesia local. Lo habitual es dividir la boca en cuatro cuadrantes y tratarlos en sesiones separadas. El curetaje forma parte de un tratamiento periodontal más amplio y, una vez terminado, el paciente pasa a un programa de mantenimiento periodontal con revisiones periódicas.
¿Cuál te toca? Depende de si tienes gingivitis o periodontitis
Que una persona necesite una limpieza dental o un curetaje no depende de cuánto tiempo haya pasado desde su última visita, sino del estado de sus encías. Y ahí entran en juego las dos formas principales de enfermedad periodontal: la gingivitis y la periodontitis.
Gingivitis: la fase en la que todavía se está a tiempo
La gingivitis es la inflamación de la encía causada por la acumulación de placa bacteriana. Su señal más característica es el sangrado, ya sea al cepillarse, al pasar el hilo dental o incluso de forma espontánea. Muchas personas lo achacan a un cepillo demasiado duro o a frotar con fuerza, pero la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA) insiste en que las encías no deberían sangrar. Si lo hacen, hay una enfermedad.
La buena noticia es que, en esta fase, el daño se limita a la encía y puede revertirse. Con una buena higiene en casa y una limpieza profesional que elimine la placa y el sarro acumulados, la encía puede recuperar su estado sano. En la mayoría de casos de gingivitis, el tratamiento que toca es una limpieza.
Periodontitis: cuando la infección avanza bajo la encía
Si la gingivitis no se trata, puede evolucionar a periodontitis, conocida popularmente como piorrea. La infección avanza entonces por debajo de la encía y empieza a destruir los tejidos que sujetan el diente. Entre el diente y la encía se forman bolsas periodontales, espacios donde las bacterias se acumulan y a los que ni el cepillo ni una limpieza convencional pueden llegar.
Precisamente eso marca la diferencia entre ambas enfermedades. La periodontitis implica una pérdida de inserción, es decir, la encía y el hueso dejan de estar bien unidos al diente, algo que no ocurre en la gingivitis. Cuando hay bolsas, retirar el sarro de la superficie ya no basta y el tratamiento indicado es el curetaje.
Las señales de alarma
El problema de la periodontitis es que avanza sin hacer ruido. En sus primeras fases rara vez duele, y la ausencia de dolor no significa que las encías estén sanas. A medida que progresa, pueden aparecer síntomas como estos:
- Sangrado de encías al cepillarse o de forma espontánea
- Encías retraídas, que dejan ver más diente o parte de la raíz
- Dientes que se mueven o se separan
- Más sensibilidad al frío
- Mal aliento persistente
- Flemones o abscesos en la encía
En personas fumadoras, conviene no fiarse de la ausencia de sangrado: el tabaco puede enmascararlo, de modo que la enfermedad avanza sin dar su señal de aviso más habitual.
Quién decide qué tratamiento necesitas
Ninguno de estos síntomas basta por sí solo para saber si toca limpieza o curetaje. El diagnóstico lo hace el dentista con una exploración periodontal: mide con una sonda la profundidad del espacio entre el diente y la encía para detectar si hay bolsas, y se apoya en radiografías para valorar el estado del hueso.
Con esos datos, la periodontitis se clasifica en estadios y grados. El estadio indica la gravedad de la enfermedad y lo complejo que será tratarla, y el grado señala lo rápido que avanza y el riesgo de que vuelva a aparecer. Esa información determina el tratamiento y también la frecuencia de las revisiones posteriores.
¿Cada cuánto? Una frecuencia a la medida de tus encías
«Una limpieza cada seis meses» es probablemente una de las recomendaciones dentales más repetidas. Sin embargo, las guías clínicas actuales no fijan un plazo único para todo el mundo. La frecuencia adecuada depende de si las encías están sanas o han tenido periodontitis, y del riesgo de cada persona.
El origen del «cada seis meses»
La costumbre de acudir al dentista dos veces al año está tan extendida que muchos la consideran una norma. Su origen, sin embargo, es bastante menos científico de lo que parece. Y es que se habría popularizado a finales de los años cuarenta gracias a la publicidad de dentífricos, aunque se trata de un relato anecdótico más que de un dato documentado. Lo relevante es que no existe evidencia que respalde un intervalo idéntico para todos los pacientes.
Si tus encías están sanas: limpieza según tu riesgo
Diversos organismos de todo el mundo recomiendan que el intervalo entre revisiones se fije de forma individual para cada paciente. En adultos, va desde un mínimo de 3 meses hasta un máximo de 24, según el riesgo de cada persona. Quienes demuestran de forma continuada que mantienen una buena salud oral pueden espaciar sus visitas, mientras que quienes tienen más riesgo necesitan revisiones más frecuentes.
La evidencia científica apunta en la misma dirección:
- Programar limpiezas de forma sistemática cada 6 o cada 12 meses apenas mejoraba la gingivitis ni la profundidad de las bolsas frente a no programarlas.
- Los resultados de hacerlas cada 6 o cada 12 meses fueron similares.
- Quienes se las hacían notaban los dientes más limpios y tenían algo menos de sarro.
Esto no significa que la limpieza sobre, sino que no conviene hacerla por calendario. Debe responder a lo que necesita cada boca, y por eso la revisión periódica sigue siendo imprescindible: es en ella donde el dentista valora si hace falta una limpieza y cuándo conviene volver. Como referencia general, la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA) recomienda visitar al dentista al menos una vez al año, incluso con las encías sanas.
Si has tenido periodontitis: el mantenimiento periodontal
En pacientes con periodontitis, el calendario cambia por completo. El curetaje no es un tratamiento que se repita de forma rutinaria cada cierto tiempo. Es la fase activa del tratamiento, y una vez terminado el paciente entra en un programa de mantenimiento periodontal.
En cada visita de mantenimiento se revisa el estado de las encías y la profundidad de las bolsas, se eliminan la placa y el sarro por encima y por debajo de la encía y se refuerza la higiene en casa.
El motivo es que la periodontitis se puede controlar, pero tiende a reactivarse si se descuida. El mantenimiento sirve para detectar cualquier recaída a tiempo y conservar los resultados conseguidos con el tratamiento.

La limpieza dental y el curetaje no compiten entre sí: cada uno responde a un momento distinto de la salud de las encías. La limpieza ayuda a mantener sana una boca que ya lo está, y el curetaje trata una periodontitis que ha avanzado por debajo de la encía. Tampoco hay un calendario único que sirva para todos. La frecuencia de las visitas depende del estado de tus encías y de tu riesgo, y solo una exploración periodontal permite saber cuál es tu caso.
Si te sangran las encías, notas que se retraen o hace tiempo que no te revisas la boca, no esperes a que aparezca el dolor. En Martínez Rioboo valoramos el estado de tus encías y te indicamos qué tratamiento necesitas y cada cuánto conviene volver.
Preguntas frecuentes
La limpieza dental es un tratamiento preventivo que elimina la placa, el sarro y las manchas de la superficie de los dientes y del borde de la encía. El curetaje, o raspado y alisado radicular, es un tratamiento terapéutico para la periodontitis: limpia y alisa la raíz del diente por debajo de la encía, dentro de las bolsas periodontales.
Depende del estado de tus encías. Si están sanas o tienen una gingivitis leve, lo habitual es una limpieza. Si hay periodontitis, con bolsas periodontales y pérdida de inserción, el tratamiento indicado es el curetaje. Lo determina el dentista mediante una exploración periodontal con sonda y radiografías.
Como se trabaja en una zona profunda y sensible, suele hacerse con anestesia local. Además, lo habitual es dividir la boca en cuatro cuadrantes y tratarlos en sesiones separadas.
No necesariamente. No hay evidencia que respalde un intervalo idéntico para todos: en adultos, el plazo entre revisiones puede ir de 3 a 24 meses según el riesgo de cada persona. Como referencia general, SEPA recomienda acudir al dentista al menos una vez al año.
El curetaje no se repite de forma rutinaria. Una vez terminado, el paciente entra en un programa de mantenimiento periodontal con revisiones periódicas, porque la periodontitis se puede controlar pero tiende a reactivarse si se descuida.



