Las aftas y llagas bucales son molestias comunes que, aunque en la mayoría de los casos no revisten gravedad, pueden llegar a ser muy incómodas en el día a día. Ya sea por el dolor que generan al hablar o al comer, o por la preocupación que provocan al no saber exactamente a qué se deben, estas pequeñas lesiones orales despiertan muchas dudas entre quienes las padecen.
Desde Martínez Rioboo, clínica dental situada en el centro de A Coruña, recibimos con frecuencia consultas relacionadas con este tema. Nuestro equipo entiende lo importante que es ofrecer una atención cercana y clara, especialmente cuando se trata de cuidar una zona tan delicada como la boca. Conocer las posibles causas, cómo aliviar el malestar o cuándo conviene acudir al especialista es clave para afrontar estas situaciones con tranquilidad.
¿Qué son las aftas y las llagas bucales?
Las aftas son pequeñas úlceras que aparecen en el interior de la boca, ya sea en la cara interna de las mejillas, los labios, la lengua o las encías. Suelen ser redondeadas u ovaladas, de color blanquecino o amarillento en el centro y con un borde rojizo. No están provocadas por una infección contagiosa, por lo que no se transmiten de una persona a otra. Aunque no representan un riesgo grave para la salud, sí pueden resultar muy molestas, sobre todo al comer, beber o hablar.
Las llagas bucales, en cambio, es un término que a menudo se usa de forma general para cualquier herida en la boca, pero en sentido estricto también puede referirse a lesiones causadas por el virus del herpes simple, que suelen aparecer fuera de la boca, en la zona de los labios. Estas últimas sí son contagiosas mientras están activas y se manifiestan inicialmente como pequeñas ampollas que después forman una costra.
Tanto las aftas como las llagas son muy comunes y pueden afectar en algún momento a cualquier persona, siendo una de las causas más habituales de molestias orales temporales.
Síntomas generales de las aftas y las llagas bucales
Los primeros indicios, en el caso de las aftas, suelen ser una ligera sensación de hormigueo, ardor o molestia en la zona donde aparecerá la lesión. Al poco tiempo surge una pequeña úlcera redondeada, de color blanco o amarillento en el centro y rodeada de un halo rojo. Estas lesiones pueden provocar dolor constante que se intensifica al rozar con los dientes o la comida; al ingerir ácidos, salados o picantes; o incluso al hablar. En ocasiones, especialmente si son varias o de gran tamaño, pueden dificultar la masticación y generar malestar general.
Las llagas producidas por el herpes simple suelen comenzar con una sensación de picor, tirantez o quemazón. A las horas o al día siguiente aparecen pequeñas ampollas agrupadas, llenas de líquido transparente. Con el paso de los días, estas ampollas se rompen y forman una costra que se seca progresivamente hasta desprenderse. Durante el brote, es habitual que la zona esté sensible, inflamada y que pueda causar molestias al mover los labios o al ingerir ciertos alimentos.
Tipos de aftas
No todas las aftas son iguales. Según su tamaño, profundidad y duración, se pueden clasificar en tres tipos principales:
- Aftas menores: son las más habituales. Se presentan como pequeñas úlceras superficiales, de menos de un centímetro de diámetro. Suelen curar por sí solas en una o dos semanas y no dejan cicatriz.
- Aftas mayores: menos frecuentes, pero más profundas y de mayor tamaño, generalmente superiores a un centímetro. Pueden tardar entre dos y seis semanas en desaparecer y, en algunos casos, dejan una pequeña marca en la mucosa.
- Aftas herpetiformes: reciben este nombre por su aspecto similar a las lesiones del herpes, aunque no están relacionadas con este virus. Se forman como múltiples puntitos diminutos que pueden unirse y crear una llaga más grande. Suelen curar en un par de semanas.
¿Por qué salen y cuáles son los factores de riesgo?
Las llagas, como decimos, están provocadas por el virus del herpes simple. Aparecen cuando este virus, que puede permanecer latente en el organismo desde la infancia, se reactiva. Factores como el cansancio, el estrés, la exposición prolongada al sol o una bajada de defensas pueden facilitar que esto ocurra.
En el caso de las aftas, la causa exacta todavía no está del todo clara. Se sabe que no son provocadas por una infección contagiosa, sino que intervienen varios factores que pueden desencadenar su aparición. Entre los más comunes están las pequeñas lesiones en la mucosa oral, como morderse accidentalmente, el roce de un aparato de ortodoncia, una prótesis mal ajustada o un cepillado demasiado fuerte. También ciertos alimentos, como cítricos, tomates, frutos secos, chocolate o comidas muy picantes, pueden irritar la zona y favorecer su aparición. Otros desencadenantes posibles son el estrés, los cambios hormonales —por ejemplo, durante la menstruación— y la falta de nutrientes como hierro, ácido fólico o vitaminas del grupo B. En algunos casos, las aftas recurrentes pueden estar relacionadas con enfermedades como la celiaquía, la enfermedad de Crohn o problemas autoinmunes.
En cuanto a los factores de riesgo, cualquiera puede sufrir aftas o llagas en algún momento, aunque las aftas son algo más frecuentes en mujeres y suelen aparecer más a menudo en adolescentes y adultos jóvenes. También es habitual que haya antecedentes familiares, lo que sugiere que la predisposición puede tener un componente hereditario.
¿Cómo se tratan o alivian?
Tanto las aftas como las llagas labiales tienden a curarse por sí solas en un periodo de una a dos semanas, aunque el malestar que generan hace que muchas personas busquen formas de aliviarlo. El objetivo del tratamiento suele ser reducir el dolor, favorecer la cicatrización y, en el caso del herpes labial, acortar la duración del brote. Mantener una buena higiene oral es fundamental: cepillarse con un cepillo de cerdas medias y usar geles sin alcohol específicoas ayuda a evitar irritaciones y posibles infecciones secundarias.
En casa, pueden utilizarse enjuagues con agua tibia y sal para desinfectar suavemente la zona, así como geles o pomadas de venta libre con efecto anestésico o antiinflamatorio que se aplican directamente sobre la lesión. También conviene evitar alimentos muy calientes, ácidos, salados o picantes, que pueden aumentar el dolor. Para el herpes labial, las cremas antivirales específicas pueden ayudar a reducir unos días el tiempo de curación si se aplican al inicio de los síntomas. Cuando las molestias son intensas, un analgésico puede ser de ayuda bajo la supervisión de un profesional sanitario. En casos graves, recurrentes o muy dolorosos, el dentista o médico puede recomendar tratamientos más específicos, como enjuagues con corticoides o antivirales por vía oral.

Cuándo deberías preocuparte
En la mayoría de los casos, las aftas y llagas bucales son lesiones temporales y benignas, pero hay situaciones en las que conviene prestar especial atención y acudir al dentista o al médico. Es recomendable pedir una valoración profesional si una llaga no cicatriza en más de dos semanas, si el dolor es tan intenso que impide comer o beber con normalidad, o si aparecen de forma muy frecuente y sin una causa aparente. También es motivo de consulta la presencia de fiebre alta, inflamación de ganglios, dificultad para tragar o múltiples lesiones que surgen de manera repentina.
Detectar a tiempo si hay un problema de fondo permite actuar de forma adecuada y evitar complicaciones. Ante cualquier duda, lo mejor es dejarse asesorar por un profesional de confianza, que pueda examinar la lesión y ofrecer el tratamiento más adecuado para cada caso.




