Endodoncia cómo salvar un diente que parece perdido
en la categoría Salud dental en A Coruña
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Cuando el dentista pronuncia palabras como «infección», «nervio dañado» o «hay que actuar rápido», la primera reacción de muchas personas es pensar que ese diente ya no tiene solución. Sin embargo, en muchos casos existe una alternativa a la extracción que permite conservar la pieza dental y recuperar una boca sana: la endodoncia. En este artículo te explicamos cómo salvar un diente que parece perdido mediante una endodoncia, qué implica el tratamiento, si duele de verdad y qué puedes esperar antes, durante y después de la intervención.

En Martínez Riobooclínica dental ubicada en el centro de A Coruña, acompañamos a nuestros pacientes en cada paso de este proceso con la información y el apoyo que necesitan para tomar decisiones tranquilas sobre su salud bucodental. Porque entender qué es una endodoncia y para qué sirve es, muchas veces, el primer paso para dejar atrás el miedo y recuperar la sonrisa.

¿Qué es la endodoncia o tratamiento de conductos y por qué no debes tenerle miedo?

La endodoncia, conocida popularmente como «matar el nervio» o tratamiento de conductos, es un procedimiento odontológico que consiste en eliminar la pulpa dental cuando esta se ha infectado o inflamado de forma irreversible. La pulpa es el tejido blando que se encuentra en el interior del diente y que contiene los nervios y los vasos sanguíneos. Cuando una caries muy profunda, una fractura dental o un golpe la dañan lo suficiente, el único camino para salvar el diente es limpiar ese interior, desinfectarlo y sellarlo.

El miedo que rodea al tratamiento de endodoncia tiene más que ver con la fama que se ganó hace décadas que con la realidad de la odontología actual. Hoy, la endodoncia se realiza con anestesia local, por lo que el paciente no siente dolor durante el procedimiento. Lo que sí es habitual es notar una ligera sensibilidad al morder durante los primeros días, algo que desaparece con facilidad y que se puede controlar con analgésicos comunes.

Es importante entender también que un diente al que se le ha realizado una endodoncia no es un diente «muerto» ni condena a la pieza a desaparecer en poco tiempo. Con una restauración adecuada, habitualmente una corona, el diente recupera su función y su aspecto, y puede acompañarte durante muchos años, incluso toda la vida.

¿Cómo saber si necesito una endodoncia? Señales de alarma

El cuerpo siempre avisa antes de que un problema se agrave, y los dientes no son una excepción. En este sentido, estas son las señales más habituales que indican un posible daño de la pulpa dental:

  • Dolor persistente o intenso. No el dolor pasajero que aparece y desaparece, sino uno que dura días, que se intensifica al morder o que aparece de forma espontánea, incluso sin ningún estímulo externo.
  • Sensibilidad extrema al calor o al frío. Es normal que un diente reaccione brevemente al tomar algo muy frío o muy caliente. Lo que no es normal es que esa sensación se prolongue varios segundos o minutos después de retirar el estímulo.
  • Hinchazón en la encía o en la cara. La inflamación en la zona de la mandíbula o la aparición de un pequeño bulto en la encía cercana al diente afectado puede indicar que hay una infección activa que se está extendiendo hacia los tejidos circundantes.
  • Cambio de color en el diente. Un diente que se oscurece de forma progresiva y sin causa aparente puede estar sufriendo una necrosis pulpar, es decir, que el tejido interior está muriendo.
  • Dolor al masticar o al presionar el diente. Si notas que una pieza dental te duele al masticar o simplemente al tocarla con la lengua, puede ser una señal de que la infección ha comenzado a afectar a los tejidos que rodean la raíz.

Ante cualquiera de estos síntomas, lo más importante es no esperar. Cuanto antes se diagnostica el problema, mayores son las posibilidades de salvar el diente con éxito y menores las complicaciones del tratamiento.

Así es una endodoncia: el proceso explicado paso a paso

Saber qué va a ocurrir durante el tratamiento es una de las mejores formas de llegar a la consulta sin nervios. El proceso es más sencillo de lo que muchas personas imaginan y, en casos no muy complicados, puede resolverse en una sola sesión de entre 60 y 90 minutos.

  1. Diagnóstico y radiografía inicial. Todo empieza con una exploración del diente afectado. El dentista toma una radiografía para evaluar el estado de la pulpa, el número de conductos que tiene la pieza y si la infección ha llegado a los tejidos que rodean la raíz.
  2. Anestesia local. Antes de comenzar, se adormece completamente la zona con anestesia local. El paciente está despierto en todo momento, pero no siente dolor. Es habitual notar presión o movimiento, pero no molestia.
  3. Apertura del diente. El dentista realiza una pequeña abertura en la parte superior del diente para acceder al interior y llegar a la cámara pulpar, que es el espacio donde se alojan el nervio y los vasos sanguíneos.
  4. Extracción de la pulpa y limpieza de los conductos. Con instrumental muy fino, se elimina el tejido pulpar infectado o dañado. A continuación, se limpian y amplían los conductos radiculares, es decir, los canales que recorren las raíces del diente, para eliminar cualquier resto de bacteria. En clínicas con tecnología avanzada, este paso se realiza con instrumentos rotatorios motorizados y bajo microscopio, lo que aumenta la precisión y reduce el tiempo de trabajo.
  5. Desinfección. Una vez limpios los conductos, se aplican soluciones desinfectantes para eliminar cualquier bacteria que pudiera haber quedado. En algunos casos, el dentista coloca un medicamento en el interior del diente y lo sella de forma provisional durante unos días para asegurarse de que la infección ha desaparecido por completo antes de cerrar definitivamente.
  6. Obturación y sellado. Cuando los conductos están limpios y secos, se rellenan con un material llamado gutapercha, una especie de goma biocompatible, junto con un cemento especial. El objetivo es sellar herméticamente el interior del diente para impedir que las bacterias vuelvan a entrar.
  7. Restauración final. El último paso no forma parte de la endodoncia en sí, pero es igual de importante. Y no es otro que restaurar el diente con una corona u otro tipo de reconstrucción para devolverle la resistencia y la funcionalidad. Un diente endodonciado sin restaurar es más vulnerable a las fracturas, por lo que este paso no debe saltarse.

¿Es mejor extraer el diente o hacer una endodoncia?

Cuando un diente duele mucho o lleva tiempo dando problemas, es tentador pensar que lo más sencillo es sacarlo de una vez y terminar con el asunto. Es una reacción comprensible, pero conviene saber que extraer un diente no es una solución neutral, sino que tiene consecuencias que van mucho más allá del hueco que deja en la boca.

El diente natural es insustituible. Ninguna prótesis, por avanzada que sea, replica al cien por cien la funcionalidad y la sensación de una pieza propia. Además, cuando se pierde un diente, el hueso que lo sostenía comienza a reabsorberse de forma progresiva al no recibir la estimulación del mordisco. Con el tiempo, esto puede provocar que los dientes adyacentes se desplacen, que la mordida se altere y que la estructura facial cambie visiblemente. Lo que parecía una solución rápida puede convertirse en el inicio de una cadena de problemas que requieren tratamientos mucho más largos y costosos, como implantes o prótesis.

La endodoncia, en cambio, permite conservar el diente natural, mantener la estructura ósea intacta y recuperar la función masticatoria sin necesidad de reemplazar nada. Un diente tratado con endodoncia y correctamente restaurado es, a todos los efectos prácticos, un diente funcional.

Dicho esto, no siempre es posible optar por la endodoncia. Hay casos en los que el daño es tan extenso que no queda suficiente estructura dental para restaurar, o en los que la pérdida ósea alrededor de la raíz es tan avanzada que el diente no tiene salvación. En esas situaciones, la extracción es la decisión más responsable. Pero esa valoración siempre debe hacerla el profesional tras un diagnóstico riguroso, nunca darse por supuesta.

Es mejor extraer el diente o hacer una endodoncia

¿Qué hacer después de una endodoncia?

Como decíamos anteriormente, un diente tratado con endodoncia puede durar toda la vida si se cuida correctamente. La buena noticia es que los cuidados necesarios no son complicados ni requieren grandes cambios en la rutina diaria.

Los primeros días es normal notar una ligera sensibilidad al morder o una leve molestia en la zona tratada. En general desaparece sola en pocos días, pero si resulta molesta, los analgésicos habituales son suficientes para controlarla. Durante ese periodo conviene evitar masticar alimentos duros o muy pegajosos por ese lado de la boca.

A medio y largo plazo, lo más importante es completar la restauración del diente cuanto antes. Como se explicaba anteriormente, la endodoncia limpia y sella el interior del diente, pero no lo refuerza por fuera. Sin una corona o reconstrucción adecuada, la pieza queda expuesta a fracturas que podrían hacerla irrecuperable.

En cuanto a la higiene, un diente endodonciado se cuida exactamente igual que el resto: cepillado dos o tres veces al día, hilo dental y visitas periódicas a la clínica. Aunque el diente ya no tiene nervio y no puede avisar de una nueva caries con dolor, sigue siendo vulnerable al deterioro externo, por lo que las revisiones regulares son tan importantes como siempre.

En Martínez Rioboo te acompañamos en todo el proceso, desde el diagnóstico hasta el seguimiento posterior, para que tu diente recupere su función y se mantenga sano el mayor tiempo posible. Si tienes dudas o llevas tiempo con molestias dentales, no lo dejes para más adelante: consúltanos y encontraremos juntos la mejor solución.

Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente una endodoncia?

Es un tratamiento dental que consiste en eliminar la pulpa del diente. Es decir, el tejido interior que contiene el nervio y los vasos sanguíneos, cuando está infectada o dañada de forma irreversible. Una vez limpio y desinfectado el interior, el diente se sella para conservarlo funcional.

¿Duele hacerse una endodoncia?

No. El tratamiento se realiza con anestesia local, por lo que el paciente no siente dolor durante el procedimiento. Es posible notar una ligera sensibilidad al morder los primeros días, pero desaparece sola o con analgésicos comunes.

¿Cómo sé si necesito una endodoncia?

Las señales más frecuentes son dolor persistente o espontáneo en un diente, sensibilidad prolongada al frío o al calor, hinchazón en la encía o la cara, y cambio de color en la pieza afectada. Ante cualquiera de estos síntomas, lo más recomendable es acudir al dentista cuanto antes.

¿Es mejor extraer el diente que hacer una endodoncia?

En general, no. Perder un diente natural desencadena pérdida ósea, desplazamiento de los dientes adyacentes y alteración de la mordida. Siempre que el diente pueda salvarse, la endodoncia es la opción preferible a la extracción.

¿Cuánto dura un diente al que se le ha hecho una endodoncia?

Con una restauración adecuada, buena higiene y revisiones periódicas, un diente tratado con endodoncia puede durar toda la vida. La clave está en no saltarse la corona o reconstrucción posterior y mantener los hábitos de higiene habituales.

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